Un recorrido en TransMiCable por Ciudad Bolívar, Mirador del Paraíso donde el arte muralista, la resiliencia y la cotidianidad se encuentran
Este día nos levantamos temprano, era lunes festivo, con la idea clara de aprovechar las bondades de esta ciudad. Desde hace mucho tiempo que quería hacer esta experiencia y qué mejor excusa que hacerlo en familia, esta vez con todos los que “me cogieron la flota”.

Se trato de una experiencia única en el sur de Bogotá, Ciudad Bolivar, una zona que durante años fue marginalizada y percibida como peligrosa, pero que hoy cuenta una historia muy distinta.
Después de varios años de trabajo en ingeniería, desarrollo urbano y apuesta social, esta localidad se ha convertido en uno de los sectores emergentes para visitantes que buscan experiencias auténticas en Bogotá. ¡Ya no todo es irse a la 93 a tomar cócteles y menos ir a Andrés Carne de Res! Eso ya no va!.
Hoy vamos a conocer, a caminar y a vivir este otro lado de la ciudad.


Nada de carro! Hoy se viaja en transporte público. De las ocho personas que íbamos en esta aventura, solo dos habíamos usado TransMilenio antes… y eso que somos bogotanos. Así que este paseo en transporte público también era una primera vez para varios. Nos embarcamos en la estación de TransMilenio de Toberín, donde tuvimos que comprar la tarjeta Tu Llave, que vendría a ser como la Oyster en Londres, válida para todo el sistema de transporte de la ciudad.
Luego vino la misión de investigar la ruta hacia nuestro destino del día, pues la señalización de los vagones en TransMilenio no es muy clara, pero sabíamos nuestro objetivo: el Mirador del Paraíso, en la localidad de Ciudad Bolívar, una zona que hoy, con más de 600 mil habitantes, tiene un acceso mucho más rápido y acogedor al resto de Bogotá. Desde el norte de la ciudad recorrimos TransMilenio hasta llegar al punto sur de conexión en el Portal del Tunal, una estación fundada en 2002 como cabecera del sistema y que desde 2018 también conecta con el TransMiCable, un sistema de transporte increíble que ha cambiado la vida de esta zona.
Tuvimos que hacer un par de cambios porque, al ser lunes festivo, las rutas variaban un poco, pero finalmente llegamos, porque como dicen por ahí: preguntando se llega a Roma, o en este caso, preguntando se llega al Mirador del Paraíso.
Uno de los momentos más destacados del día fue ver y utilizar el sistema de TransMiCable, un avance enorme para la movilidad de Bogotá y, sobre todo, para la conexión de esta localidad con el resto de la ciudad. Las vistas son impresionantes, pero la historia de resiliencia que se percibe desde las alturas lo es aún más.
Durante el trayecto en TransMilenio, mis bellos y bellas acompañantes Lalo, Sandra, Beto, Sami, Mati, Tomás, Luciana y yo nos moríamos de la risa. Estábamos turisteando en nuestra propia ciudad!. Entre la novedad de montar en TransMilenio, las risas, los vendedores ambulantes, uno que otro pasajero intentando colarse sin pagar y la energía del sistema, la pasamos genial. Yo era una de las dos personas que sí había usado TransMilenio muchas veces, ¡y eso que no vivo en Colombia! Así que yo era la narradora oficial, jaja. Aventuras citadinas del transporte público, muy al estilo metro de Europa, pero con sabor bogotano.


El Portal del Tunal es un centro de conexión muy importante y está sorprendente bien cuidado. La cultura ciudadana va en aumento y cada vez más bogotanos entendemos que este sistema es de todos y para todos. La estación estaba impecable y muy bien señalizada. Desde allí, con el mismo pasaje si no te demoras más de 90 minutos, se puede hacer el transbordo al TransMiCable. Son solo tres paradas desde el Portal del Tunal: Juan Pablo II, Manitas y finalmente Mirador del Paraíso. Allí nos esperaba Andrea.
TransMiCable, más que un Cable Car
Cuando me subí al TransMiCable de Bogotá, no pude evitar sentir cierta familiaridad con el teleférico de Londres, especialmente por el diseño y la capacidad de las cabinas, que en ambos casos pueden transportar hasta 10 personas. Sin embargo, aunque visualmente se parezcan, ambos sistemas tienen propósitos y escalas muy distintas.
Hoy, el teleférico londinense se conoce oficialmente como el IFS Cloud Cable Car, nombre que responde a su patrocinio actual, y cruza el río Támesis conectando Greenwich Península con los Royal Docks, ofreciendo vistas espectaculares de la ciudad. Su recorrido es de aproximadamente 1,1 km y opera con solo 36 cabinas, lo que deja claro que fue concebido principalmente como una atracción turística y una conexión local puntual, no como un eje central del transporte urbano.
En contraste, el TransMiCable de Bogotá fue diseñado como un sistema de transporte público urbano integrado, pensado para la movilidad diaria en terrenos empinados, con un fuerte impacto social y un enfoque claro en accesibilidad. Su recorrido es de 3,34 km, casi tres veces más largo que el de Londres, y cuenta con 163 cabinas, todas con capacidad para 10 personas. Con más de 25.000 usuarios diarios en promedio, este sistema se ha convertido en una pieza clave para conectar comunidades que antes tardaban hasta una hora en desplazarse al resto de la ciudad. Así, mientras en Londres el cable car ofrece una experiencia panorámica única sobre el Támesis, en Bogotá el TransMiCable no solo regala vistas desde las alturas, sino que transforma la vida cotidiana de miles de personas cada día.
Murales que cuentan historias



Ya en tierra firme, hicimos un recorrido histórico por el sector para entender los cambios y transformaciones de las últimas tres décadas, cuando no había servicios públicos y el barrio cargaba con un fuerte estigma social marcado por la violencia. Así visitamos el Callejón del Color, un espacio con 15 murales que narran la historia de la localidad.



Caminar por allí es ir en zigzag, porque de un lado te atrapan los murales maravillosos que te cuentan vivamente la historia local y del otro las vistas impresionantes de Bogotá.

Cada mural tiene un mensaje real y auténtico, nacido de la comunidad y de los artistas que transforman sus historias de vida en arte lleno de color y significado social. Mural de arriba por @Mayrojasart

En el video que comparto abajo rescato dos historias muy especiales: el significado de los burritos pintados en el mural del final del callejón y la Casa Sumercé, donde un campesino carga su corazón a cuestas, listo para empezar una nueva vida llena de oportunidades en esta localidad. ¡Así que no te pierdas de ver el video!



El artista @imprudente87 nos explicó algunas de las técnicas utilizadas en el muralismo, incluyendo “bombas” y “plantillas” y luego nos invitó a crear nuestro propio mural. Yo intenté pintar un tambor, pero terminé pintándome más a mí misma que al mural, ¡así que mejor no les muestro mi terrible resultado! Jaja.



Manejar spray no es tan fácil como parece, es una técnica que requiere tiempo y práctica, pero así sí que nos divertimos muchísimo. Los niños estaban felices y todos nos moríamos de risa disfrutando en familia, rodeados de colores y con una vista montañosa increíble.
Colores, comida al “corrientazo” y juegos que unen
Luego visitamos otro sitio icónico del sector: el Parque Mirador Illimani, un espacio con juegos para niños donde nos quedamos un buen rato charlando y disfrutando la vista. Más colores, más murales y más historias, para después quedar listos para el almuerzo.


Y sí, almuerzo “corrientazo”, ese almuerzo casero delicioso, mucho más económico que uno a la carta, que incluye entrada, plato fuerte, sobremesa y bebida. Las porciones son generosas, así que vayan con hambre porque aquí sí se come bien.


Durante el almuerzo, Andrea Ochoa, fundadora de esta agencia de turismo comunitario @amigosdelturista, nos contó su historia de vida. Una historia de resiliencia, de una mujer que, a pesar de los obstáculos, ha salido adelante con berraquera y voluntad propia.
Desde su casa también ofrece experiencias como picnic literario sensorial, elaboración de manillas con material reciclable, huerta urbana, preparación de dulces y mermeladas, serigrafía, museo del reciclaje, experiencias de grafiti, aerografía, magia, teatro, rap colombiano, juego de rana y gastronomía, entre muchas otras.



Después del almuerzo seguimos con un tiempo de juegos, cafecito o carajillo, y cerramos con un mini campeonato de rana, un juego ancestral originado en los pueblos andinos, donde la rana simbolizaba buena suerte y prosperidad.
Durante la época colonial se mezcló con juegos de puntería traídos desde España. Hoy en día es un juego familiar y tradicional, reconocido por su alegría y competencias amistosas. Nos dividimos en dos equipos, “Juventud” y “Vejetud”.
Yo, por supuesto, quise estar en el equipo Juventud, ¡pero no me aceptaron! … fuimos vencidos tristemente, jaja.
Bogotá que se vive y se transforma
Gracias a iniciativas comunitarias como Amigos del Turista y a la visión de Andrea Ochoa, esta parte de la ciudad se está convirtiendo en una estrella en ascenso en el mapa de Bogotá. Desde los murales de Casa Sumercé hasta la famosa Calle del Color con sus vistosos murales, cada rincón está lleno de vida, cultura y corazón. Este es el lado auténtico de Bogotá que más visitantes deberían conocer y comprender.


Para transmitir la atmósfera de esta experiencia, les comparto este registro audiovisual en YouTube, acompañado por la canción Los Sueños, del álbum Inelementum, de mi querido amigo y talentoso artista @Esteban_Card.
Explorar Ciudad Bolívar es descubrir un barrio que antes fue considerado peligroso y que hoy apuesta por el turismo comunitario para mostrar su espíritu acogedor, creativo y profundamente humano.
Reflexión final
Quiero agradecer de corazón a todos los que me acompañaron en esta experiencia y que hicieron de este día algo tan especial. A mi familia, por subirse conmigo a esta aventura, por reírse, caminar, mirar con curiosidad y abrir el corazón para descubrir su propia ciudad desde otra perspectiva.
Gracias también a Andrea Ochoa, por su generosidad, su historia, su liderazgo y por demostrar que el turismo comunitario puede ser una verdadera herramienta de transformación social. Y un agradecimiento especial a Rodrigo Atuesta de Impulse Travel, por la recomendación y por conectar viajeros con experiencias que tienen sentido, propósito y humanidad.
Este recorrido me dejó una reflexión muy clara. El arte urbano, los murales auténticos y el turismo comunitario no son solo experiencias bonitas para la foto. Son una forma ética de viajar, de mover la economía local, de dignificar territorios y de escuchar historias que merecen ser contadas. Apostar por este tipo de turismo es elegir conscientemente apoyar a las comunidades, valorar su identidad y entender que viajar también puede ser un acto de respeto, aprendizaje y conexión real.



Bogotá tiene mucho que contar más allá de sus postales conocidas. A veces, basta con subirse a un cable car, mirar la ciudad desde otra altura y dejarse sorprender por la fuerza creativa y humana que vive en sus barrios.
Con amor
❤️
Jenny
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